31 de julho de 2017

 En esta parte del oeste de Myanmar, donde cerca de un millón de musulmanes son apátridas, la violencia intermitente ha llevado a miles a ser desplazados. Muchos se han convertido en refugiados en la vecina Bangladesh, así como en Malasia y otras partes de la región.

Las comunidades en el Estado de Rakhine dejaron de lado las diferencias personales y se unieron para producir medios de vida.

MAUNGDAW, Myanmar, 27 de julio de 2017 (ACNUR) – Mientras que dos vendedores empacan bolas del arroz pegajoso casero para los clientes que hacen fila para comprar el desayuno, un carnicero intenta persuadir a un cliente de que los pollos que está viendo son los mejores en la sección de la carne. Mientras que por otro lado, una mujer mayor que vende verduras no puede dejar de reírse con el vendedor que está a su lado.

Son las 7 de la mañana de un ajetreado día de la semana en el mercado de Myoma Ashey en Maungdaw, en el norte de Myanmar, un área donde las tensiones entre las comunidades musulmana, rakhine e hindú han estado latentes durante décadas.

Reunirse para servir a una variada clientela en el mercado representa un pequeño paso hacia la sanación de las heridas de la violencia y la opresión intercomunales en el conflictivo Estado de Rakhine.

Vendiendo pastelería casera dulce y salada está Momo, una madre de tres que es dueña y administradora del negocio. Ella es rakhine y emplea a un cocinero musulmán y a un camarero hindú. Para ella, el valor de que todos los sectores de la comunidad trabajen juntos es tan claro como el día.

“Es muy importante trabajar juntos”.

“Es muy importante trabajar juntos. Si él (el cocinero) se ausenta, tengo dificultad para hacer el trabajo, si él (el camarero) está ausente, no podré trabajar”, dice Momo mientras atiende a los clientes. “Así que es muy importante estar juntos siempre”.

En esta parte del oeste de Myanmar, donde cerca de un millón de musulmanes son apátridas, la violencia intermitente ha llevado a miles a ser desplazados. Muchos se han convertido en refugiados en la vecina Bangladesh, así como en Malasia y otras partes de la región.

Rohimullah es uno de los carniceros más ocupados en la sección de carne del mercado. Él vende carne de cabra y cordero a los clientes de todas las religiones. Él es musulmán.

“Dependo de este mercado para vivir y alimentar a la familia”, dice Rohimullah mientras corta la carne en trozos y se la entrega a un ayudante que luego la prepara para los clientes.

La renovación y expansión del mercado en 2013 fue financiada por ACNUR, la Agencia de la ONU para los Refugiados, en colaboración con varias ONG. Después del ciclón Komen en 2015, el ACNUR realizó una nueva renovación en las secciones dañadas.

Independientemente de sus diferencias, las personas en el mercado están de acuerdo en una cosa: la paz es buena para todos.

“Lo principal es no tener problemas. Me gusta la paz. No sólo es bueno para los negocios, es bueno para todo lo demás”, dice Momo con una gran sonrisa.

Por Warda Aljawahiry

Fonte: ACNUR