27 de setembro de 2019

Para los habitantes de Puente Marqués, en el municipio de Tehuitzingo es más seguro moverse al norte del país que cruzar la frontera a Estados Unidos

Para los habitantes de Puente Marqués, en el municipio de Tehuitzingo, la migración nacional comienza a competir con la internacional, aunque en muchos casos aún es la antesala para que adolescentes tomen valor y vayan a Estados Unidos.

Tomás, como pide identificarse un joven de este pueblo, narra que cada vez es más común que los pobladores prefieran ir a las cosechas o cortes de productos agrícolas en estados fronterizos como Sonora y Baja California, en lugar de cruzar a la Unión Americana.

Explica que los hombres y mujeres de entre 25 y 35 años ya no desean arriesgarse a la detención de la policía migratoria en los puntos de vigilancia en territorio norteamericano, ni exponer su integridad ante tratantes de personas ni padecer secuestros virtuales.

De ahí que quienes integran este grupo de edad se enrolan con intermediarios para ganar un sueldo fijo en los campos del norte del país.

En cambio, asegura, a partir de su propia experiencia, los jóvenes de 15 a 24 años sí van a los cortes con familiares, pero después de una o dos ocasiones, prefieren enfilarse a Estados Unidos en busca de dólares.

“Los más chamacos todavía se quieren ir a Estados Unidos, y más si saben que allá tienen parientes o amigos; porque creen que hay quien los pueda recibir en una casa aunque estén arrimados, y que será más fácil conseguir empleo y dinero,” dice Tomás.

“Pero no ven los problemas que hay con las deportaciones y las redadas, ahora con (Donald) Trump; no ven los peligros de los polleros que pueden abandonarte en el cruce, o de que haya delincuentes que los secuestren, por eso todavía se animan a irse del otro lado,” agrega.

Este muchacho de 27 años menciona que es mejor quedarse en Sonora en la recolección de nuez, a poner en peligro la vida por jornadas más extenuantes y mayores peligros en la Unión Americana.

Hasta que experimentan, dice, es que regresan a sus comunidades, porque ven lo difícil de la vida, o simplemente los detienen y los repatrian a sus pueblos.

Por eso, insiste, los de más edad ya no se arriesgan y van a trabajar en condiciones de mayor seguridad que si cruzan la frontera norte.

El Popular