La historia de la humanidad está circunscrita por procesos migratorios, que tienen lugar de forma voluntaria o no, y las personas implicadas en estos cambios necesitan reorganizar sus prácticas cotidianas para adaptarse a nuevos espacios geográficos y contextos culturales, creando una sinergia de acciones que entrelazan lo familiar y lo desconocido. En este contexto de descubrimientos y nuevas experiencias, los emigrantes buscan consuelo en los recuerdos de sus vidas anteriores. El reencuentro con la familiaridad de la cultura es una constante que da un nuevo sentido a la vida y actúa como referencia para reconstruir el futuro. La comida tiene este carácter acogedor, reconforta al cocinar y saborear platos típicos.
En este sentido, los emigrantes intentan recrear su vida lejos de casa, y la comida, junto con los alimentos utilizados, ocupa un lugar central en su vida cotidiana, actuando como un elemento importante. Así es como la alimentación, considerada un acto biológico, se entrelaza con la cultura y la identidad. La cultura alimentaria es lo primero que se desplaza con el flujo migratorio de las personas, trayendo consigo técnicas de preparación, condimentos, prácticas para permanecer en la mesa y cómo recoger la comida, incluso el número de comidas al día. La alimentación es crucial para mantener la identidad cultural (Altoé y De Azevedo, 2018, n.p.).
Es importante darse cuenta de que no todo son alimentos; son las costumbres y tradiciones culturales las que influyen en estas elecciones alimentarias. El sistema alimentario se define por un conjunto de procesos de producción y consumo de los productos que se consideran alimentos. Los alimentos sólo se convierten en alimentos cuando son aceptados social y culturalmente por un grupo determinado, y este proceso va mucho más allá de su valor nutritivo (DORIA, PELLERANO, 2019).
La comida que se convierte en alimento es el resultado de un proceso cultural que aporta identidad a una comunidad. En este sentido, comer es expresar la pertenencia a un grupo determinado, que exterioriza el significado de los conocimientos, recuerdos, emociones y sensaciones compartidos a lo largo de su historia.
En el contexto de la migración, el desplazamiento humano y el refugio, la acogida de quienes han dejado atrás sus vidas a causa de acontecimientos tan alejados de sus expectativas debe basarse en la seguridad alimentaria, la cultura y la migración. Para Altoé y De Azevedo (2018), la permanencia de estas prácticas es fundamental para mantener la identidad de los migrantes y refugiados porque están llenas de factores simbólicos. La comida es memoria, afecto y resistencia. Uno no sólo come porque tiene hambre en el sentido fisiológico, sino porque necesita alimentar sus emociones y recuerdos, para recordar momentos y situaciones importantes.
En los espacios institucionales de acogida, es importante darse cuenta de que los acogidos dependen de las estructuras institucionales debido a su alta vulnerabilidad, recordar la importancia de la seguridad alimentaria como promotora de la salud y que la diferencia cultural sustenta la identidad de los migrantes y refugiados. Mi experiencia como migrante/refugiado en Brasil inspira esta reflexión. Procedente de Venezuela en un contexto de migración forzada, tras años de vulnerabilidad y falta de protección de mis derechos humanos básicos en mi país, decidí abandonar mi hogar, una decisión difícil que siempre deja huella. Además del proceso migratorio, el impacto de esta decisión extrema me llevó a un estado de lo que yo llamo desesperanza, marcado por una profunda fatiga emocional y psicológica que vacía a la persona de su humanidad.
Reencontrarse con uno mismo implica recibir apoyo en diferentes aspectos para reconstruir la vida fuera de nuestras fronteras culturales y emocionales, así como territoriales. Los albergues institucionales dedicados a este fin tienen la noble tarea de ayudar a esta reconstrucción personal y, en mi opinión, colocar la dualidad humana, biocultural, en un lugar importante, casi central. Esto implica no sólo alimentar el cuerpo, sino también el Ser. El alimento es alimento para existir y para sea.
Referencias
de Souza Lima, R., Ferreira Neto, J. A., & Pereira Farias, R. de C. (2015). ALIMENTACIÓN, COMIDA Y CULTURA: EL EJERCICIO DE LA COMENSALIDAD. DEMETRA: Alimentación, nutrición y salud, 10(3), 507-522. https://doi.org/10.12957/demetra.2015.16072
Dória, C., Pellerano,J. (2019). COMIDA VS. ALIMENTACIÓN: CULTURA Y NUTRICIÓN A PARTIR DEL PROGRAMA "ALIMENTOS PARA TODOS" EN SÃO PAULO. Revista do Centro de Pesquisa e Formação Nº 8, julio 2019. 120-130
Altoé, I. y De Azevedo, E.. (2018). Alimentación migratoria: cultura alimentaria e identidades refugiadas.Revista del CESLA, núm. 2,. 247-264.

