Un misionero brasileño afirma que los países arrojan a los inmigrantes a los mataderos

Ciudad de Guatemala, 17 feb (EFE) - El sacerdote brasileño Mauro Verzeletti, misionero de San Carlos Scalabriniano y director de la Casa del Migrante de Guatemala, advirtió este lunes que Estados Unidos, México y el norte de Centroamérica están lanzando a la gente "al matadero" con los acuerdos migratorios firmados el año pasado. La política migratoria adoptada por el Gobierno del presidente estadounidense, Donald Trump, seguida en mayor o menor medida por México, Honduras, El Salvador y Guatemala -que aceptaron convertirse en un "tercer país seguro"- fue una "muestra muy clara de ignorancia", dijo a la Agencia Efe.

Desde el inicio de la crisis humanitaria que provocó el éxodo centroamericano hacia Estados Unidos con las llamadas caravanas de migrantes, la organización que dirige Verzeletti en la capital guatemalteca ha prestado atención integral a más de 30.000 migrantes de la región.

Verzeletti ha sido testigo durante 22 años, cuando fundó la Casa de los Migrantes en Guatemala, de cómo ha variado la migración irregular. Pero no había visto nada parecido a lo que está ocurriendo ahora: "Una ignorancia que viola el sistema de asilo y la protección internacional de los migrantes".

La gente sale de países donde hay "condiciones extremadamente violentas", dice el religioso, pero con los planes del gobierno estadounidense y replicados por los presidentes de los países involucrados, los migrantes "son devueltos a la misma región, a través de una carta de entendimiento en la que estamos echando a la gente al matadero y no resolviendo el drama humano"

Un drama histórico cuya dinámica cambió en 2014, cuando los menores no acompañados dieron paso a un escenario protagonizado antes por hombres y jóvenes que, en su mayoría, viajaban de la mano de coyotes y redes de trata de personas, bajo la complicidad de los gobiernos de turno.

En 2018, esta misma dinámica ha cambiado por completo y se han establecido caravanas masivas convocadas por los propios migrantes que, en familias enteras, se han reunido a la vista de todo el mundo para abandonar los abismos de sus propios países en busca del supuesto sueño americano.

TRIÁNGULO NORTE DE CENTROAMÉRICA

Verzeletti ha seguido y estudiado estos procesos y reflexiona que la "violencia incontrolable" en Honduras, "las pandillas, el crimen organizado y el narcotráfico que han penetrado en las comunidades en El Salvador" y la configuración de poderes al servicio de la corrupción en Guatemala han llevado a la gente a emigrar.

En estos tres países, el triángulo norte del istmo, "podemos hablar hoy de una guerra no declarada, en la que mueren más personas que durante los conflictos armados" que asolan Centroamérica desde hace más de 30 años.

El sacerdote scalabriniano lamenta que algunos de los gobiernos de los países implicados "no hayan entendido este cambio en el flujo migratorio y no hayan puesto en marcha nuevas políticas para hacer frente a esta nueva dinámica. Por el contrario, se han comportado de forma xenófoba y racista".

Más arriba, en Honduras, el presidente Juan Orlando Hernández "es prácticamente la mano derecha del narcotráfico en todo el país", ese "narcoestado, uno de los más ejemplares de la región".

Y en Guatemala, el presidente Jimmy Morales, que dejó el poder el 14 de enero tras cuatro años en el poder, "no quiso trabajar con la comunidad internacional" y trabajó junto al Congreso en el "eje fundamental: el pacto corrupto, sin pensar en el pueblo".

Ahora, con el nuevo gobierno encabezado por Alejandro Giammattei, Verzeletti no ha "vislumbrado el curso exacto que tomará el flujo migratorio", aunque reconoce algunas acciones positivas, como el respeto a los derechos humanos de los migrantes durante la caravana del 15 de enero, pero con la alarma de acciones duras, con estados de prevención que, en otros países, "no han resuelto el problema estructural de fondo".

La misionera, que en 2018 fue declarada "persona del año" por el diario guatemalteco "Prensa Libre", señala que EEUU es "un problema para el mundo" en materia migratoria y apela a que en lugar de gastar millones de dólares en muros, deberían haber invertido en "programas de desarrollo para frenar el flujo migratorio".

Ese mismo año, el misionero brasileño y el personal de la organización recibieron varias amenazas de muerte, que culminaron con el "fin" de la Casa.

AMENAZAS DE MUERTE

Durante semanas, él, su equipo y la institución estuvieron bajo vigilancia y seguridad las 24 horas del día, a raíz de "amenazas muy fuertes, duras y graves".

En cualquier caso, este misionero de 59 años y larga barba blanca seguirá ayudando a los inmigrantes de paso, a los que se han quedado más tiempo en busca de un lugar donde vivir o a los repatriados en virtud del acuerdo sobre "terceros países seguros" o del Acuerdo de Cooperación en materia de Asilo.

Por si fuera poco, la Casa del Migrante ha acogido a casi 400 hondureños y salvadoreños de los casi 600 que llegaron al país centroamericano deportados de Estados Unidos en virtud del acuerdo de "tercer país seguro". En la mayoría de los casos, los migrantes regresan a sus países de origen.

Fuente: news.uol

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