El atentado del 14 de octubre es un nuevo capítulo de la escalada de violencia que afecta a Somalia desde hace décadas y que ha convertido al país en otra crisis humanitaria desatendida por la comunidad internacional.
El atentado del 14 de octubre es un nuevo capítulo de la escalada de violencia que afecta a Somalia desde hace décadas y que ha convertido al país en otra crisis humanitaria desatendida por la comunidad internacional.
Mogadiscio, la capital de Somalia, registró el mayor atentado terrorista del mundo desde el 11 de septiembre de 2001. El 14 de octubre, más de 350 personas murieron y otras 400 resultaron heridas tras la explosión de dos vehículos con 350 kg de explosivos en el centro de la ciudad. Dadas las características y la brutalidad del atentado, se cree que fue organizado por el grupo terrorista Al-Shabaab, aliado de Al-Qaeda desde 2011.
Situada en la región conocida como el Cuerno de África, Somalia lleva dos décadas desgarrada por la violencia de las guerras internas, lo que genera un flujo constante de refugiados y desplazados internos, alimentado además por factores como la grave sequía que afecta a la región.
Esto convierte a Somalia en el cuarto país que más refugiados genera en el mundo, por detrás de Siria, Afganistán y Sudán del Sur, según el último informe (Tendencias Mundiales 2016) del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR). En total son 1,1 millones, la mayoría en países vecinos como Etiopía (246.742), Kenia (308.651), Yemen (255.637), Yibuti (13.263) y Uganda (42.232). Sólo este año han llegado a Etiopía 4.300 nuevos somalíes.
Desde su independencia en 1960, la antigua colonia italo-británica busca un gobierno mínimamente estable que ponga fin a la violencia interna, un reto casi imposible para un país que, además, está azotado por la hambruna: el informe de la ONU de 2017 sobre el hambre en el mundo señalaba que 944.000 niños corren el riesgo de morir de hambre en Somalia debido a la sequía y la guerra civil.
Así, sumando las víctimas de la guerra y del hambre, hay 6,4 millones de somalíes que necesitan ayuda humanitaria. Según ACNUR, el presupuesto anual (2017/2018) para dicha asistencia es de 487,75 millones de dólares, 12 veces menos que los 12.000 millones de dólares gastados por Europa en deportaciones entre 2000 y 2014.
Historia
La República Somalí se creó en 1960 tras casi un siglo de colonización británica en el norte e italiana en el sur. Maxamed Siyaad Barre tomó el poder e instauró una sangrienta dictadura socialista, marcada por las guerras tribales desde octubre de 1969 hasta enero de 1991.
Tras la caída del dictador, Somalia no sólo sufría guerras tribales internas, sino también disputas con otros países, como Etiopía, por la demarcación de fronteras. Con guerras en todos los bandos, el país estaba devastado por profundas crisis humanitarias, económicas y sociales, y sin un Estado capaz de estabilizar la situación.
Al mismo tiempo, millones de somalíes han huido del país o de sus regiones, atacados por grupos terroristas o soldados etíopes, generando un inmenso flujo de refugiados y desplazados internos -el complejo de campos de refugiados de Dadaab, en Kenia, el mayor del mundo en la actualidad (unas 350.000 personas) y en funcionamiento desde 1991, tiene sus orígenes ligados precisamente al conflicto en curso en Somalia-.
En 1992, la ONU y Estados Unidos intervinieron después de que Somalilandia, una región del norte de Somalia, declarara su independencia. Las tropas de mantenimiento de la paz crean focos de paz en la capital y sus alrededores para que Somalia no se derrumbe por completo. En 1994, tras los ataques contra las fuerzas estadounidenses, tanto las tropas de la ONU como las de Estados Unidos abandonaron Somalia después de que la operación fracasara por completo.
Tras las idas y venidas de presidentes, hambrunas y pobreza, los grupos terroristas ganaron fuerza en la década de 2000 en Somalia, y no fue hasta 2012 cuando el país comenzó a unificarse políticamente.
Guerra contra el terrorismo
En diciembre de 2016, Somalia eligió a sus parlamentarios y, en febrero de 2017, eligió a su nuevo presidente, Mohamed Abdullahi Mohamed. En abril, Mohamed declaró la guerra al grupo Al Shabaab, especialmente en el sur, donde los terroristas son más fuertes. “El Estado está en guerra. Los atacaremos y liberaremos las zonas que ocupan”, declaró el presidente.
Pero el atentado del 14 de octubre, el más mortífero de la historia de Somalia, ha puesto en duda la capacidad del nuevo presidente para combatir a los terroristas y estabilizar el país. Según analistas locales, los problemas internos del gobierno y las desavenencias con el poder ejecutivo han permitido a al-Shabaab recuperar su capacidad para perpetrar atentados a gran escala.
En el atentado del sábado, las dos furgonetas explotaron en la zona K5, un bloque donde se encuentran embajadas y edificios gubernamentales somalíes. Según informantes del gobierno local escuchados por la agencia de noticias Reuters, el objetivo del atentado era matar al ministro de Asuntos Exteriores, “por mucha destrucción que costara”.
El enviado especial del gobierno estadounidense a Somalia, Michael Keating, calificó el atentado de “repugnante”. ”Estos ataques cobardes revigorizan el compromiso de Estados Unidos de ayudar a nuestros socios somalíes y africanos en la lucha contra el terrorismo”. Donald Trump y el presidente somalí anunciaron fuerzas militares conjuntas y nuevas operaciones sobre el terreno para combatir al grupo terrorista del sur.
A pesar de la “solidaridad” mostrada al presidente somalí contra el grupo terrorista, Trump incluyó a Somalia en el grupo de países con la entrada vetada o restringida a Estados Unidos -junto a Irán, Yemen, Siria, Libia, Chad, Corea del Norte y Venezuela-.
Crisis ignorada
A pesar de vivir sumida en el caos durante décadas, la comunidad internacional ha hecho poco o nada por Somalia, que algunos expertos consideran un “Estado fallido”. Al mismo tiempo, las escenas de horror no generan la misma conmoción en las redes sociales, a diferencia de los recientes atentados en Europa y Estados Unidos.
Este distanciamiento, la escasez de información y el ínfimo espacio que el país recibe (y cuando lo recibe) en las noticias contribuyen a situar la situación somalí en la lista de crisis olvidadas en todo el mundo. Como resultado, el país está tan solo como la estrella que ocupa el centro de su bandera.
La magnitud del atentado del 14 de octubre en Mogadiscio ha sacado a Somalia del anonimato al que ha sido condenada por la comunidad internacional y los medios de comunicación, aunque sea momentáneamente. Sin embargo, el contexto en el que vive el país demuestra que podrían producirse otros atentados -quizás incluso peores- que se cobren nuevas vidas y generen nuevos refugiados y desplazados internos.
“Este ataque, uno de los mayores perpetrados contra civiles en la historia de Somalia, demuestra la necesidad de que la comunidad internacional refuerce y cumpla sus compromisos en apoyo de su gobierno, creando un entorno seguro para los somalíes”, declaró el Alto Comisionado del ACNUR, Filippo Grandi.
Queda por ver cuándo comenzará realmente este movimiento a favor de Somalia.
Fuente:migramundo.com
