El movimiento global de personas, ya sea por razones económicas, políticas o sociales, ha sido una característica definitoria de nuestro mundo contemporáneo. Los datos de Informe de Seguimiento de la Educación en el Mundo, de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), muestran que el número de migrantes internacionales ha aumentado de 93 millones en 1960 a 258 millones en 2017, lo que representa el 3,4% de la población mundial.
Cuando llegan a nuevos países, muchos emigrantes se enfrentan a importantes retos relacionados con la lengua y la cultura. Con millones de emigrantes en busca de refugio, oportunidades y una vida mejor lejos de sus países de origen, la alfabetización en la nueva lengua se convierte en un factor crucial para el éxito de su viaje de integración y adaptación.
Sin embargo, a pesar de que, según la encuesta, alrededor de 64% de estos inmigrantes viven en países con un alto índice de desarrollo humano, a menudo ven limitado su acceso a la educación por barreras legales, administrativas o lingüísticas. Muchos emigrantes llegan a sus destinos sin disponer de los documentos obligatorios para matricularse en centros educativos, lo que dificulta aún más las cosas.
Y la dificultad de acceso a la educación y a la alfabetización tiene un impacto directo en las relaciones“. Así lo explica Rosana Mezzomo, profesora voluntaria de portugués en la Pastoral das Migrações de Passo Fundo/RS. ”Cuando los emigrantes eligen otro país para vivir, todo se vuelve difícil, especialmente el idioma. Esto afecta directamente a sus relaciones con la gente, social y profesionalmente".
La alfabetización también está relacionada con cuestiones económicas. Y según Rosana, aunque algunos emigrantes llegan con diplomas y carreras ya establecidas en sus países de origen, la barrera lingüística hace que estas personas elijan profesiones que no requieren mucha interacción y que, por lo general, no reflejan sus capacidades académicas y profesionales. “Acaban haciendo trabajos que no requieren una comunicación directa porque no dominan el idioma. Si dominaran el idioma, sin duda conseguirían trabajos en su campo o mejores trabajos. Así que sí, la barrera de la comunicación afecta directamente a su vida económica. Sí, la sufren.
En este escenario, programas de alfabetización como el promovido por la Pastoral de Migraciones de la Archidiócesis de Passo Fundo han sido una solución para integrar a los inmigrantes en la sociedad en la que han elegido vivir. “Nuestro principal objetivo es enseñarles a comunicarse con los brasileños. Y a medida que desarrollamos las lecciones, introducimos algunos puntos de gramática, concordancia, para ayudarles a la hora de escribir y a la hora de comprender la lectura”, concluye.

