"Migración en el siglo XXI: retos y oportunidades"

Por Tuíla Botega y Charles Pintat

La Fundación Konrad Adenauer, en asociación con el Grupo Parlamentario Brasil-Unión Europea, la Cámara de Diputados, el Senado Federal, el Instituto de Relaciones Internacionales de la Universidad de Brasilia y con el apoyo de la Delegación de la Unión Europea en Brasil, buscó reflexionar sobre los desafíos actuales para la construcción de una agenda común entre Brasil y la Unión Europea. En este sentido, el “XIX Foro Brasil-Europa - Migración en el siglo XXI: desafíos y oportunidades” presentó los retos políticos, sociales, económicos y medioambientales para estos países en el contexto de la nueva dinámica de la movilidad global. El CSEM estuvo presente en el evento, que tuvo lugar en Brasilia los días 29 y 30 de agosto de 2012.

La primera jornada del seminario puso de relieve los nuevos retos a los que se enfrenta Brasil en el panorama de la migración internacional. Debido a los altos niveles de crecimiento económico del país, unido a la crisis financiera que ha azotado a la Unión Europea y a Estados Unidos, Brasil está atrayendo a muchos inmigrantes especializados, sobre todo portugueses, españoles, italianos y estadounidenses, así como a inmigrantes con escasa formación académica o técnica, como es el caso de la reciente afluencia de haitianos.

Se analizaron las políticas migratorias de los países de la Unión Europea a la luz de los impactos de la crisis financiera, buscando entender si los países estaban dificultando la entrada de inmigrantes y/o el acceso a servicios sociales básicos. Como los países miembros de este bloque tienen diferentes mecanismos de control de la migración, es difícil establecer políticas comunes en relación con los inmigrantes.

El segundo día, el debate se centró en las prácticas y políticas de atracción de trabajadores inmigrantes para resolver los problemas demográficos relacionados con el descenso de la natalidad y el elevado índice de envejecimiento de la población local, y también para satisfacer las necesidades locales de mano de obra cualificada en los países de la Unión Europea, Estados Unidos, Canadá, Australia y Japón.

En este contexto se enmarca la experiencia de Alemania, país que actualmente tiene, según el diputado alemán Peter Wiess, una quinta parte de su población formada por inmigrantes. En este país hay una gran demanda de trabajadores cualificados y una menor demanda de trabajadores en el sector informal. En este sentido, afirmó que el país no tiene interés “en la migración por desempleo” y que “hay pocas posibilidades de empleo e integración para los inmigrantes poco cualificados”. Esta situación pone en entredicho las acciones del gobierno del país para preparar a los inmigrantes a ocupar puestos de trabajo en el mercado formal/cualificado, dado que alrededor del 42,8% de los inmigrantes de primera o segunda generación carecen de formación profesional.

Además, se hizo hincapié en que aumentar el dominio del idioma es fundamental para el éxito profesional y también para integrarse con éxito en la sociedad, por lo que existen cursos de idiomas obligatorios y otros para la cualificación profesional de los inmigrantes.

Thais Faria, en representación de la OIT, recordó que la organización no distingue entre migrantes cualificados y no cualificados, por lo que sus convenios buscan garantizar el respeto de los derechos fundamentales, la promoción del trabajo decente y la valorización de los trabajadores migrantes. Según ella, “el hecho de que los migrantes no estén cualificados no significa que no contribuyan al mundo del trabajo y que no merezcan que se garanticen sus derechos”. Por último, señaló que los convenios de la OIT sugieren a los países la necesidad de preservar la cultura y los valores del migrante, así como la necesidad de espacios que les permitan experimentar esta cultura en un país extranjero.

Aunque la OIT no distingue entre migrantes cualificados y no cualificados, los países hacen esta distinción en sus políticas, afirma Elena Lazarou, investigadora de la Fundación Getúlio Vargas. Hay una valorización de los emigrantes cualificados que se traduce en políticas de atracción, facilidades de visado, etcétera. Además, existe una práctica proteccionista en la que los países abren sus puertas a algunos sectores de la economía y cierran otras.

Por lo que respecta al contexto brasileño, el investigador subrayó la necesidad de políticas educativas destinadas a cualificar a los brasileños para que puedan ocupar vacantes en el mercado laboral formal a largo plazo. Además, sería necesario atraer de vuelta al país a emigrantes cualificados procedentes del extranjero.

El representante de Portugal, Pedro Góis, contribuyó al debate explicando que la lógica de la fuga de cerebros es una vía desafiante para la cuestión ética, porque en los países del Sur se buscan emigrantes cualificados, pero no se prevé ninguna forma de compensación o recomposición de esta mano de obra. De este modo, los efectos de esta “fuga de cerebros” se dejarán sentir en el futuro con una escasez de mano de obra cualificada, y podrían ser muy perjudiciales para el desarrollo de estos países. Por último, subrayó que es esencial desarrollar una práctica de colaboración y respeto entre los países, lo que podría evitar una serie de problemas, como el tráfico de seres humanos, el no reconocimiento de diplomas, la explotación, etc.

Al hablar de la relación entre migración y cambio climático, Luiz Fernando Godinho, representante del ACNUR, señaló que no existe un marco jurídico internacional para la protección de los llamados “refugiados climáticos”, por lo que es necesario que los países estén dispuestos a acoger a las personas que emigran por este motivo. En este sentido, la labor de las ONG y la sociedad civil es fundamental para desmitificar el miedo que tienen las sociedades a recibir inmigrantes y promover una cultura de acogida.

Para el investigador Eduardo Viola, no puede decirse que los migrantes estén exclusivamente motivados por el clima, sino que el clima es uno de los factores que configuran las causas de la migración. El cambio climático está cada vez más asociado a otros factores que también provocan desplazamientos forzosos. En este sentido, contribuye a la inestabilidad global y genera impactos humanitarios que necesitan atención y medidas prácticas. De lo que nos damos cuenta es de que la comunidad internacional se preocupa por el cambio climático y sus efectos, pero no lo suficiente por las personas afectadas por él.

Algunos movimientos migratorios forzados, como el refugio y el tráfico de personas, se abordaron desde la óptica de las acciones humanitarias. En este contexto, se destacó el trabajo de Brasil con los inmigrantes haitianos, ya que el país, a través de una acción conjunta entre la CNIg y CONARE, concedió visados humanitarios a estos inmigrantes, alegando que devolverlos a Haití sería una violación de los derechos humanos. Para Paulo Sérgio de Almeida, las acciones de la CNIg han contribuido a superar las deficiencias de la legislación brasileña sobre migración. Considera que la migración ha sido exitosa y favorable tanto para los inmigrantes como para el país. Lucas G., representante del ICMPD, subraya que la trata de seres humanos es un fenómeno polifacético de dimensión mundial y constituye un reto humanitario que requiere una acción coordinada con la comunidad internacional.

El representante del ACNUR advierte de que las acciones humanitarias actuales no pueden resolver las solicitudes existentes ni prevenir futuros conflictos y nuevos casos de migración forzosa. Por ello, las políticas migratorias no deben impedir que las personas que han optado por medios irregulares para entrar en otro país vean respetados y garantizados sus derechos.

es_ESSpanish
Ir al contenido