29 de agosto de 2016

 El flujo de los niños refugiados y migrantes de Centroamérica que tratan de llegar a los Estados Unidos no muestran ninguna señal de detenerse, a pesar de los peligros que entraña el viaje y al endurecimiento de las medidas de inmigración que se aplicaron después de que se registrara un gran aumento en las cifras a mediados de 20141 .

UNICEF

El flujo de los niños refugiados y migrantes de Centroamérica que tratan de llegar a los Estados Unidos no muestran ninguna señal de detenerse, a pesar de los peligros que entraña el viaje y al endurecimiento de las medidas de inmigración que se aplicaron después de que se registrara un gran aumento en las cifras a mediados de 20141 .

En el primer semestre de 2016, casi 26.000 niños no acompañados y cerca de 29.700 personas que viajaban en familia –la mayoría mujeres con sus hijos pequeños– fueron detenidos en la frontera de los Estados Unidos2. Una gran cantidad de estos jóvenes y familias procedía de El Salvador, Guatemala y Honduras, donde se registran algunas de las tasas de homicidio más altas del mundo3. Tratan de alejarse de las brutales pandillas que les atacan o de la pobreza y la exclusión que les impiden recibir una educación y tener esperanzas. Muchos viajan también hacia el norte para reunirse con sus familias

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