27 de fevereiro de 2018

idi spaLa cuestión migratoria es el tema estrella en el país transalpino. Los mayores ataques contra la política europea de refugiados no sólo llegan de grupúsculos neofascistas, sino de la derecha de Berlusconi

La cuestión migratoria es el tema estrella en el país transalpino
Los mayores ataques contra la política europea de refugiados no sólo llegan de grupúsculos neofascistas, sino de la derecha de Berlusconi
SORAYA MELGUIZO

“En Italia hay al menos 630.000 inmigrantes de los que sólo el 5% tienen derecho a permanecer como refugiados. Los otros 600.000 son una bomba social preparada para explotar porque viven de la delincuencia”. La sentencia no proviene de ningún exponente de la ultraderecha o de un simpatizante radical de algunos de los movimientos con ADN fascista que están resurgiendo en Italia sino de Silvio Berlusconi. Quien fuera tres veces primer ministro del país ha abrazado el tradicional discurso contra la inmigración de la Liga Norte, su histórico aliado. Y según todas las encuestas, la apuesta podría salirle redonda.

En Pioltello, una localidad de unos 37.000 habitantes a las puertas de Milán, muchos de los vecinos prefieren no responder cuando se les pregunta por Salvini o Berlusconi. “Aquí se vive bien. Nadie se mete con nadie. Hace diez años había más delincuencia pero ahora estamos tranquilos”, dice zanjando la cuestión Faisal Rehman, un paquistaní que llegó hace 14 años y es propietario de una tienda de comestibles. Asegura que casi la mitad de sus clientes son italianos pero en la calle es difícil cruzarse con alguno.

El 25% de los residentes en Pioltello son extranjeros, lo que la convierte en la ciudad con el mayor porcentaje de inmigrantes de Italia, según el Instituto de Estadística transalpino (ISTAT). La localidad podría ser el escenario perfecto de esa “bomba social” a punto de explotar, según la tesis del centroderecha, pero aquí no todos parecen estar de acuerdo. La alcaldesa, Ivonne Cosciotti, del Partido Democrático (PD), sostiene que Pioltello se ha convertido en una “ciudad laboratorio” donde la convivencia entre extranjeros e italianos es “pacífica” pero reconoce que hay zonas de la ciudad que no quieren ser habitadas por los italianos. “[El partido fascista] Casa Pound ha venido alguna vez a recoger firmas pero no han conseguido nada. Eso demuestra que aquí no existe esa tensión social”, asegura.

Para Valerio Vaccari, un ingeniero de 37 años y exponente de la Liga local, la ciudad es tranquila pero no existe una verdadera convivencia. “Los inmigrantes tienen su barrio con sus propias tiendas, que están siempre abiertas, no hablan italiano y se relacionan entre ellos. Yo creo que eso es lo contrario a la integración”, sostiene.

“El problema no es que sean extranjeros”, defiende la alcaldesa, “el problema es que son pobres”.

La mayoría de los extranjeros habitan en el Satellite, una colonia con varias torres de pisos alrededor de la Via Mozart, la calle comercial donde se concentran pequeñas tiendas de alimentación regentadas por pakistaníes, peluquerías marroquíes o carnicerías ‘halal’. No existen registros oficiales porque muchas casas fueron expropiadas a sus propietarios durante la crisis y ahora están ocupadas pero el Ayuntamiento calcula que cerca del 80% de los residentes en el Satellite son inmigrantes. Alrededor de 10.000 personas de unas 90 nacionalidades diferentes en apenas un kilómetro cuadrado. Una auténtica ciudad dentro de la ciudad.

El año pasado Roberto Garroni, el director del colegio Iqbal Masih de Pioltello, accedió a la petición de algunos padres de dividir a los estudiantes de entre 11 y 12 años en dos clases según tuvieran el apellido italiano o extranjero para que los hijos de las familias italianas siguieran estudiando en el centro. “La mayoría de estas familias mandan a sus hijos fuera de Pioltello cuando llegan al instituto no sé si por racismo o por la mala fama que tiene esta ciudad”, explica Garroni. “Si estos estudiantes se quedaran, podría hacer más clases y no tendría que concentrar los casos complicados en una sola. Si tengo 30 estudiantes todos extranjeros en una misma clase, igual es políticamente correcto, pero es didácticamente pésimo”, asegura. En realidad muchos de los estudiantes con apellidos extranjeros habían nacido en Italia de padres no italianos por lo que la ley no les reconoce como ciudadanos.

El Satellite surgió en los años 60 cuando una empresa constructora de Milán compró los terrenos para edificar una ciudad residencial dirigida a los italianos del sur que entonces emigraban en masa hacia el norte del país para trabajar en la próspera industria. Pero las malas comunicaciones con el centro de la ciudad y la enorme colmena de edificios no consiguieron atraer a la clase media. El proyecto resultó ser un fracaso. Los precios de los pisos precipitaron y el barrio se convirtió en refugio de criminales y mafiosos. La mala fama hizo que los italianos salieran huyendo de allí y en su lugar se instalaron los inmigrantes.

“Aquí puedes comprar el pan a las 12 de la noche, comer a cualquier hora, las tiendas de pakistaníes están siempre abiertas. Hay familias extranjeras a las que les encanta porque se sienten como en casa pero lo que hacen es convertir este barrio en un gueto. Y eso es peligroso”, asegura Mohamed El Idrissi, secretario de la asociación islámica El Huda y presidente de la Comisión Intercultural en el Ayuntamiento.

Mohamed llegó a Pioltello hace 20 años desde el norte de Marruecos siguiendo a sus padres y recuerda cómo entonces los vecinos italianos eran los primeros en echar una mano a los recién llegados. “Ahora no sabes ni quién vive en la puerta de al lado”, lamenta. “El problema es que la mayoría no paga la comunidad y eso repercute a todos los demás”, dice un jubilado italiano, vecino del Satellite.

En la zona no existe una mezquita a pesar de que la religión musulmana es una de las más practicadas. Por eso en los sótanos de una de las inmensas torres del barrio, a escasos metros de la Iglesia Evangélica, la comunidad musulmana transformó el espacio en algo parecido. Aquí se reúnen para rezar, organizan cursos de árabe que son frecuentados por muchos italianos y colaboran con otras asociaciones. “La convivencia es en general tranquila. De vez en cuando arrestan a alguno que vende droga o cosas así pero eso ocurre en todas las partes”, dice Mohamed.

Un estudio del Observatorio Europeo sobre la Seguridad reveló que casi uno de cada dos italianos tiene miedo de los extranjeros. Los partidos políticos supieron leer entre líneas y convirtieron la inmigración en un arma electoral. Según un reciente estudio de Amnistía Internacional el país, que el próximo domingo acudirá a las urnas, está impregnado de “hostilidad, racismo y xenofobia”. La organización analizó la violencia de los mensajes políticos y concluyó que el 95% de las declaraciones estereotipadas, discriminatorias o racistas provenían del centroderecha.

El tiroteo racista de un candidato local de la Liga en la ciudad de Macerata y la respuesta de los partidos fue sólo el pistoletazo de salida. Berlusconi ha asumido el mensaje radical de la Liga, cuyo candidato para las elecciones regionales en Lombardía, que se celebrarán el mismo día que las generales, aseguró que la “raza blanca” estaba en “peligro de extinción” a causa de la inmigración.

“Berlusconi no quiere ceder sus votos a la Liga y por tanto hace declaraciones duras, pero, si después de las elecciones, Forza Italia llegara a formar parte de un gobierno de gran coalición, dejará de lado esta actitud”, sostiene Marco Tarchi, politólogo y profesor de Ciencias Políticas en la Universidad de Florencia. “Berlusconi es un hombre de márketing, no de convicciones”.

Fonte: El Mundo – 27/02/2018